Pío VII (30 de agosto de 1821): Carta al Excmo. cardenal de Escala, arzobispo de Toledo

Llamados por disposición divina a cultivar el campo del Señor, y apacentar el rebaño cometido a nuestro cuidado por el Príncipe de los Pastores, estamos obligados a velar con atención, según nuestro cargo, para que el hombre enemigo dispuesto siempre al mal, no siembre la cizaña, aprovechándose de nuestro sueño, y para que no trascienda al redil del Señor la contagiosa corrupción de la cual resulte la pérdida total de las ovejas que Jesucristo adquirió para sí con su sangre, y que debemos conservar salvas. Por lo cual, si jamás en tiempo alguno debemos cesar en este vigilante cuidado, mucho mayor debe ser nuestra diligencia, cuanto más grandes y más inmediatos se conoce que están los peligros del rebaño; porque si por nuestro descuido o silencio diésemos motivo a que alguna oveja pereciese, eñ Señor demandaría con total severidad su sangre de nuestra mano.

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Duque de Angulema (24 de mayo de 1823): Proclama en Madrid

¡Españoles! Antes que pasase por los Pirineos el ejército francés declaré a vuestra generosa nación que la Francia no estaba en guerra con ella; le anuncié que veníamos como amigos y auxiliares a ayudarla a levantar sus altres, librar a su Rey y restablecer la justicia, el orden y la paz. Prometí respeto a las propiedades, seguridad a las personas, protección a los hombres pacíficos. La España ha confiado en mis palabras. Por las provincias que he atravesado han recibido a los soldados franceses como a hermanos, y la opinión pública os habrá informado si han merecido esta acogida y si yo he cumplido lo que ofrecí.

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